Desmontando un mito: La construcción de España (I)

27/11/09

Sin ánimo de buscar polémica, solo decir que el devenir de los hechos históricos no entienden de ideología más allá de la de su narrador. El pasado es el pasado y el sentir de la sociedad actual no es el mismo que la de la sociedad del XV y XVI, y quien lo crea y busque esas justificaciones como un error.

Empezaré sin un hilo cronológico específico por uno de los mayores tópicos: Los reyes católicos y su creación de España.



A todos, y sobre todo a los más mayores, nos han enseñado en el colegio, instituto etc. aquella visión de estado, casi profética, que tuvieron Isabel y Fernando al casarse "uniendo" sus reinos. El principio de España. Se ha engrandecido su rectitud, religiosidad y poder, pero hoy, en una sociedad en la que pese a todo, se respira libertad, sabemos que os católicos eran ante todo el máximo exponente político de la monarquía autoritaria renacentista.

La "unión" de ambas coronas nunca fue tal, no se centralizó el gobierno del país y mucho menos existió una capital. La corte era itinerante, y las cortes independientes, es decir, unas cortes en Aragón, Castilla, Valencia, Cataluña. Tampoco se tenían los medios necesarios como para recortar el fuerte poder local del que disfrutaban áreas como Galicia, Asturias, las Vascongadas (que no registraban un carácter unitario, sino que se dividían en tres territorios con sus propias instituciones de gobierno) o Andalucía.

El método de gobierno era el control de una nobleza encargada de trasnmitir la potestad real y la instauración de una serie de corregidores, justicias, contadores y chancilleres, que ejercían labores de gobierno administración y justicia delegando de manera directa el poder real, es decir, se intentaba crear un status quo entre la adinerada nobleza y las clases medias rentistas de las ciudades, que al fin y a la postre eran quienes financiaban los ejércitos.

Sobre esta base gobernarían los católicos en Castilla, mientras que en Aragón, donde Fernando pasó tan solo 6 de los 37 años de su gobierno, el rey tuvo que contentarse con mantener un frágil equilibrio entre la potencia de la nobleza y sus aspiraciones, cosa que no siempre consiguió.

Es decir, hablamos de dos reinos gobernados de manera diferente, con situaciones diferentes.

No debemos olvidar tampoco que el matrimonio de los Reyes Católicos viene en un momento de Guerra Civil en Castilla, que se ve acosa por Luis XI de Francia y Alfonso V de Portugal. Los intereses aragoneses eran coincidentes en este sentido, ambos reinos vivían en un momento de conflagración con Francia. A Isabel, no le venía nada mal una alianza política y matrimonial con sus vecinos, alianza, por otra parte que también beneficiaba aun Fernando débil en el trono acosado por la nobleza, dueño de un territorio que oscilaba hacia Castilla, que les doblaba en habitantes y en dinamismo económico.

Pero si algo es digno de mencionar es el matrimonio de Fernando con Germana de Foix a la muerte de Isabel, una maniobra política para contrarrestar la política pro-francesa del marido de Juana de Castilla. Una estrategia que de haber consumado en un bebé, hubiera acabado con la profética unión de tierras pueblos y gentes.

Por tanto que pesaba más en el ideario católico para formalizar una "unión" de reinos, la política ¿exterior o interior?.

Para un servidor, fue una unión que funcionó, que se fortaleció por la expansión del castellano como lengua universal en España, por el enemigo común que representaba Francia, por las riquezas que de las Indias podían aprovechar los aragonés y sobre todo porque, tras tres generaciones de monarcas fuertes (R.Católicos, Carlos I y Felipe II), lo fortuito se había convertido en tradición y sentir.

Los orígenes del esoterismo nazi: la sociedad Thule.

24/11/09




A nadie se le escapa la fascinación que despertó en el propio Hitler y en algunos jerarcas nazis el tema del ocultismo. Pero este no es un elemento que surja de la nada, sino que hunde sus raíces en el período inmediatamente anterior al ascenso del nazismo, con algunas manifestaciones tan significativas como la de la denominada sociedad Thule.

A pesar de lo que se ha escrito sobre esta sociedad secreta fundada por Rudolf von Sebottendorf, no hay que entenderla como un elemento único de la Alemania posterior a la Gran Guerra sino que, en realidad, entronca con una tradición esotérica que era bastante más frecuente en la época de lo que se cree comúnmente.

La sociedad se dedicaba al estudio del pasado alemán, dentro de una tendencia muy común desde el siglo XIX, cuando el Romanticismo puso de relieve el folklore y carácter particular del pueblo alemán. Resaltaban, en sus estudios, todo aquello que señalaba lo diferenciado y superior que era este país con respecto al del resto de Europa. A esto hay que unir una serie de creencias basadas en el desarrollo de un “neopaganismo”, surgido de una unión de las más diversas tradiciones, cuyo último fin era exaltar la visión del pueblo alemán y resaltar su cohesión.


La atracción ejercida por esta sociedad en el pueblo alemán a causa de sus ideas racistas y su tendencia a engrandecer la historia de Alemania tras la humillación que suponía el Tratado de Versalles fue muy grande. Todo ello unido al misterio que envolvía a esta sociedad secreta llevó a un rápido ascenso de la sociedad Thule, que se hizo bastante popular en los años anteriores al ascenso del nazismo.

A pesar de que la propia sociedad fue disuelta con el ascenso de Hitler al poder, por ser considerada peligrosa, es clara la influencia que ésta ejerció sobre medidas posteriores, como es el caso de la creación de la Ahnenerbe, sociedad incluida dentro de las SS que se encargó de la realización de estudios esotéricos y caza de reliquias para el Reich , pudiendo ser considerada como la heredera directa de la sociedad Thule.

Sin duda alguna, el ascenso y auge de la sociedad Thule nos permite explicar y comprender mucho mejor el desarrollo de la mentalidad de un movimiento posterior como es el nazismo, el cual tomo como propias , en buena medida, parte de las ideas y la simbología (la famosa esvástica, que no es más que un signo solar bastante antiguo, fue el símbolo de la organización) de esta sociedad secreta.

Desmontando un mito: el fantástico reino de Tartessos

19/11/09



Quizás el mito más insistentemente repetido en referencia a la historia antigua de la Península Ibérica sea, precisamente, el que tratamos hoy aquí. Trataré de mostrar, con esta presentación, la realidad que se esconde tras lo que podríamos definir como una “leyenda de base histórica“ que ha llegado a nuestros días.

Es bastante conocido el hecho de que en la zona que ocupa la actual zona occidental de Andalucía, y más concretamente en torno a la desembocadura del Guadalquivir, se habría desarrollado una brillante civilización que se habría caracterizado por su cultura, su arte, y sobre todo su extraordinaria riqueza. De esta manera, se presenta una civilización que, teóricamente, habría desaparecido, finalmente, ante la avidez de riqueza de el pueblo fenicio. Sin embargo, toda esta imagen, que perdura en nuestro imaginario colectivo, no es real.

En realidad, toda esta visión es muestra de la obra del alemán Adolf Shulten. Éste, deseoso de realizar un descubrimiento tan significativo como el que en su época había realizado el célebre Schliemann con Troya, había mostrado la existencia de toda una civilización en una investigación para la cual utilizaría textos clásicos, que hablaban este mítico territorio en Occidente, territorio sobre el cual los autores de dichas fuentes ni siquiera se ponían de acuerdo en torno al lugar exacto donde se encontraba y cuya fiabilidad, en referencia a este tema, no era muy alta. De esta forma Shulten creó una visión de la que los historiadores tratan de alejarse en la actualidad. Muchos de ellos sostienen que Tartessos, como tal, ni siquiera existió y, si existió, se aleja mucho de esta imagen de reino fabuloso que se nos ha querido transmitir. Piezas como las del tesoro de Carambolo mostrarían, sin embargo, no la presencia de un poderoso reino, tal y como se ha señalado frecuentemente, sino el rico fruto producido por la influencia de la cultura fenicia sobre los pueblos indígenas, por lo que más que un producto puramente indígena hoy se prefiere hablar de mezcla cultural, de un proceso conocido como “orientalizante”.




La causa de la transmisión de este mito, sin embargo, planteará dudas a nuestros lectores. ¿Cómo es que si los especialistas sobre el tema son conscientes de todo esto esta información no ha llegado al gran público? Las causas son en gran medida ideológicas: Tartessos, cuya imagen en época de Shulten se difundió de manera muy rápida, tanto porque mostraba una imagen brillante del pasado hispano como por su indudable exotismo, ha servido a intereses de exaltación nacionalistas desde su creación hasta la actualidad.

En conclusión el mítico reino de Tartessos no corresponde , en realidad, con esa imagen que se nos ha vendido siendo, tal y como suele ocurrir en el campo de la ciencia histórica, una realidad mucho más compleja y difícil de entender de lo que comúnmente se cree; un problema sobre el que los mayores especialistas distan aún mucho en ponerse de acuerdo.